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Desde el 27 de setiembre de 2020, Azerbaiyán y Turquía están desarrollando una agresión militar conjunta contra las Repúblicas de Armenia y Artsaj (Nagorno Karabagh), atacando a la población civil con el objetivo de expulsar a los armenios de sus hogares ancestrales. Además de miembros de su ejército regular, Turquía desplegó en la región mercenarios yihadistas provenientes del norte de Siria.

Como resultado de los ataques miles de personas han muerto y más de 90.000 armenios debieron abandonar sus hogares en Artsaj y refugiarse en Armenia (mujeres, niños y ancianos), mientras que quienes permanecen allí deben refugiarse en sótanos para evitar las bombas de racimo -prohibidas a nivel internacional- y misiles arrojados por el ejército de Azerbaiyán.

Estos ataques se produjeron desconociendo el llamamiento internacional del Secretario General de Naciones Unidas a evitar cualquier confrontación armada durante la pandemia del Covid-19, respaldado unánimemente por los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU y por 170 estados miembros (entre ellos Armenia y Uruguay, aunque no Azerbaiyán).

Durante el pasado mes de julio, Azerbaiyán había atacado la región de Tavush en el noroeste de la frontera internacionalmente reconocida de la República de Armenia, tomando como objetivo las aldeas y poblados fronterizos. El presidente de Turquía, Erdogan prometió entonces apoyar a Azerbaiyán y “terminar con la misión que nuestros antepasados han llevado a cabo durante siglos en el Cáucaso”, aludiendo a las sistemáticas matanzas implementadas por los otomanos contra los armenios durante siglos.

Por su parte, el vocero del Ministerio de Defensa de Azerbaiyán amenazó públicamente con un ataque misilístico dirigido a la Central Nuclear de Metsamor de 408MW, ubicada en Armenia, lo que constituiría una acto genocida que tendría consecuencias catastróficas no sólo para Armenia, sino también para Azerbaiyán, Turquía, Georgia, Irán y Europa del Este. 

De inmediato se organizaron maniobras militares conjuntas de las fuerzas armadas de Turquía y Azerbaiyán que se desarrollaron durante el mes de agosto pasado.

 

Sin embargo, el armamento y aeronaves trasladadas a Azerbaiyán para las maniobras por parte de Turquía, permanecieron en bases azerbaiyanas y están siendo utilizados en los actuales combates.

El Presidente de Azerbaiyán lanzó a su ejército contra la población civil de Artsaj declarando que «los perseguiremos como a perros», con el objetivo de expulsar a los 140.000 armenios que habitan ese territorio.

Amnistía Internacional y Human Rights Watch han denunciado el uso de armamento prohibido a nivel internacional por parte de Azerbaiyán contra los civiles de Artsaj, cuyas viviendas, escuelas y hospitales han sido destrozados por el bombardeo sistemático al que han sido sometidos.

La catedral de Shushí, bombardeada por las fuerzas de Turquía y Azerbaiyán.

En un informe publicado el 23 de octubre, la organización Genocide Watch denunció un genocidio en curso por parte de Azerbaiyán “debido a su negación del genocidio pasado contra los armenios, su uso oficial del discurso de odio y la actual persecución de civiles en Artsaj”.

Azerbaiyán y Turquía han desoído todos los llamados de la comunidad internacional a retomar las negociaciones para alcanzar una solución pacífica al conflicto.

 

Todas las treguas humanitarias acordadas por Armenia y Azerbaiyán bajo la mediación de los presidentes de Francia, EE.UU. y Rusia fueron violadas por Azerbaiyán horas después de su entrada en vigor.

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